viernes, 17 de abril de 2026

Nuestros Celtas con filtros

NUESTROS   CELTAS

(Con filtros romanos)

             Se había adelantado el verano. La luna llena se elevaba por el este.   Lucius había terminado de ordeñar la última leche de las ovejas para remojar un poco de pan duro en la cena.

              En la entrada de su chozo, sentados bajo la chaparra, se dispusieron a comer, Lucius “el Pelirrojo”, su sobrina Bolosa y el novio de ésta, Camali. 

                Muy pronto, Bolosa intuyó que aquella noche iba a ser especial. Lucius Julius estaba muy callado para lo que él era. Parecía pensativo, y como buscando la forma de decirles algo importante. Y así fue. Después del primer bocado, bajando su voz para que no se enteraran los de los otros chozos, les dijo su último deseo antes de morir. Había vuelto herido de la guerra y sabía que le quedaban pocas noches.

             Comenzó diciéndoles que, como sabían, había estado trabajando la lápida de su hermano mayor, Ambati, padre de Bolosa. Ya la habían colocado en su tumba, justo en el límite de la ribera izquierda de la Rivera, junto a la de Tonci, su padre.


Ambatus
Hijo de Toncio
Aquí Sepultado Está

               También para su padre le hubiera gustado labrar una lápida. Pero no iba a tener tiempo. La gangrena de su pierna derecha se la iba comiendo. Fue entonces cuando les hizo prometer a los dos que labrarían una estela para su tumba.

               Para hacerla, les señaló una piedra que estaba detrás de la choza del druida, que trajo su padre de la mina de Valdeyerro. En la que, aunque muy dura, iba a ser fácil labrar las letras que él les iba a decir.





             


Lucius-Julius
Hijo de Toncio
el Pelirrojo
de 20 años
Aquí Sepultado Está


                Siguió contándoles que fue el primero en ver las blancas y frías sierras del norte que sus antepasados tuvieron que cruzar hasta encontrar esta fértil tierra, a las faldas del sagrado “Mons Salus”. Que él era el único de la aldea que sabía escribir en la lengua de los romanos.

       Principalmente, les dijo, quería dejar constancia del paso de los suyos por aquellas tierras. Y quienes vieran estas lápidas después de los siglos, supieran que allí vivieron gentes que fueron felices labrando sus huertas y criando sus ganados con el agua que baja de la gran sierra.

                Lucius murió ese verano. Antes de que llegara el invierno, Camali ya le había colocado la piedra con la inscripción en su sepultura, junto a las de su hermano Ambatus y la de su padre, Toncio.

             Por primavera, Camali y Bolosa tuvieron una alegre niña, a la que pusieron por nombre Amoena (Amena). Pero su alegría duró poco en la familia Ambatus. Se la llevó la rivera dos años después, una mañana que Bolosa bajó a lavar. Una avenida traicionera arrastró a madre e hija hacía el gran río. Ese río del que tantas noches les había hablado su tío Lucius. El río de la gran aldea en la que la gente vivía en casas maravillosas, con dibujos de colores en paredes y suelos. 



    

Bolosa

(de) Ambati (y)

Amoena

(de) Camali

Madre e Hija

Aquí Sepultadas Están


              En su recuerdo, Camali labró otra piedra. La trajo de muy lejos Del cabezo de “Nuqalis”, al otro lado de la Rivera. Una auténtica lápida. Una piedra Plana y lisa como no hubo otra. En ella grabó sus nombres y linaje, deseándoles un descanso eterno.

           Como quería Lucius, 2.000 (MM) años después, una tarde de febrero del año 26 del III milenio, un ganadero descendiente de celtas gallegos, *Tonci Carbaio, halló estos textos en las tierras que en otros tiempos fueron Nogales. Los textos más antiguos hasta la fecha conocidos.

(* Juan Antonio Carballo Sayago)