NUESTROS CELTAS
(nogaleños muy
antiguos)
Había sido un día de calor. Se adelantaba el verano. La luna llena se elevaba por el este. Julio se acercaba al chozo con la última leche de las ovejas, en la que remojar un poco de pan duro en la cena.
Sentados bajo la chaparra, huyendo un poco del calor del fuego, se dispusieron a comer Lucio “el Pelirrojo”, su sobrina Boyosa y su novio Malo. Sin saber por qué, Boiosa intuyó algo especial aquella noche. Y así fue. Lucio estaba poco hablador, pensativo y como buscando la forma de decirles algo. Hacía poco que había vuelto herido de la guerra, Sabía que le quedaban pocas noches. Tenía que decirles algo importante:
Anbatus
Hijo de Toncius
Aquí Sepultado Está
— Desde que volví de la
Legión, sabéis que he estado haciendo la sencilla lápida que hemos colocado en
la tumba de mi hermano Ambato, tu padre. Me hubiera gustado también labrar otra
para la de tu abuelo Toncio, pero no me queda tiempo. La herida no deja de
sangrar y sé que es cuestión de días.
— Tú dirás — Dijo el marido
de su sobrina.
— Pues mira, me gustaría que
hicieras una lápida para mi sepultura, grabando las letras que yo te diré. La
piedra es aquella que está a los pies de la encina sagrada, junto a las tumbas
de mi padre y mi hermano. Es piedra dura. La trajo mi padre de la mina de
Valdeyerro, No se romperá por muy fuerte que le des con el cincel.
Lucius-Julius
Hijo de Toncius
el Pelirrojo
de 20 años
Aquí Sepuntado Está
— Así será. Si eso es lo que
quieres.— le respondió Malo, levantándose para beber un poco de agua del “barrí”.
— Sí. Soy el primero de la familia que ha visto las blancas sierras del norte que tuvieron que cruzar nuestros antepasados hasta encontrar esta sagrada tierra, El único que ha aprendido la lengua romana, y como romano he sido reconocido y quiero — continuó Lucio— que quede constancia de ello para aquellos que anden por estas tierras por los siglos de los siglos. Para que hablen de nosotros y sepan que aquí vivieron gentes que fueron felices labrando sus huertas y criando sus ganados con el agua que baja de la gran sierra.
Lucio murió ese verano. Antes del invierno, Malo ya había colocado la piedra con la inscripción que le mandó, junto a la de Ambato. Para la primavera, Malo y Boiosa habían tenido una alegre niña, a la que pusieron por nombre Amoena (Amena). Pero la alegría se la llevó la rivera dos años después, cuando Boiosa bajó a la rivera a lavar. Una avenida traicionera arrastró a madre e hija hacía el gran río del que tantas noches les había hablado su tío Julio. El río de la gran aldea en la que la gente vivía en casas maravillosas.
En su recuerdo, Malo labró otra piedra. Una auténtica
lápida. Plana y lisa como no hubo otra. En ella grabó sus nombres y linaje, deseándoles
su descanso eterno.
Boyosa de Anbatus (y)
Amoena de Malum
Madre e Hija
Aquí Sepultadas Están
Como predijo Lucio, 2.000 (MM) años después, una tarde de febrero del año 26 del III milenio, un ganadero descendiente de celtas gallegos, *Tonci Carbaio, halló estos primeros textos escritos en lo que fue nuestro pueblo. Los más antiguos hasta fecha conocidos, junto con el de la estela empotrada en la esquina de la capilla sur de la iglesia.
(* Juan Antonio Carballo)
Quiénes eran:
Descendientes de grupos célticos que llegaron a la zona 2 o 3 siglos antes del nacimiento de Cristo procedentes posiblemente de norte de Europa. El apodo de familia o de Lucius Julius, el pelirrojo, nos lleva a pensar que fueran originarios de lugares con poca exposición a radiaciones solares.
Cuándo:
Aunque conservan nombres indígenas celtas (Anbatus, Boiosa, Tonci, Malo…) se mezclan con romanos (Lucio-Julius) y escritos en latín. Luego ya estaban más que romanizados. Ya existiría Mérida. Y se enterraban como los romanos. Así que podría ser poco después del nacimiento de Cristo. Que lo discutan los entendidos.
Dónde:
Por lo que vamos sabiendo, en esta época, la zona más poblada se localizaría entre la sierra de Mont-salud y la orilla izquierda de la Rivera, alrededor de los múltiples manantiales que existen entre San Juan y los Llanos, teniendo mucha importancia la cantidad de agua y la altura del manantial de la Mina de la Sierra.
Para concretar más el área en el que
se desarrolla esta historia, empleando topónimos que se han utilizado hasta
hace 300 años, podemos decir que vivirían por la zona de “Cantarranas”. La
aldea principal, con unos pocos chozos con base circular de piedra y la
cubierta vegetal, estaría en el cabezo de “Las Andas”, dentro de lo que llamaban
“Valdelucas”, no lejos del siguiente valle. El del regato del Aguasgil (ahora
de La Bejarana)
Ya sabemos que los sitios que nombramos son desconocidos para quienes no habéis vivido antes del XIX. No preocuparos. Si seguimos el ejemplo de nuestro paisano Carballo y otros, quizás no sea tarde para darse una vuelta por aquellos tiempos tan oscuros para todos. Eso sí, habrá que ir de día, chacho, que de linternas está aquello "muregulá"